Rarezas

Cuando una reliquia de biblioteca es también un resto humano

Harvard retiró la piel humana de una encuadernación y cambió la pregunta: del objeto insólito a la dignidad de la persona anónima utilizada sin consentimiento.

Un libro antiguo sin cubierta junto a una caja de conservación y documentos de procedencia
Imagen: Special Collections Toronto Public Library from Toronto, Canada CC BY-SA 2.0

Durante décadas, una copia de Des destinées de l’âme fue conocida como “el libro encuadernado en piel humana de Harvard”. La frase convertía una historia de violencia en curiosidad de gabinete. En marzo de 2024, la Houghton Library retiró la cubierta y cambió el centro de la conversación: el material no era una rareza, sino el resto de una mujer no identificada cuyo cuerpo fue utilizado sin consentimiento.

La ciencia desmontó parte del mito

El médico francés Ludovic Bouland había recibido el texto de Arsène Houssaye y lo encuadernó en el siglo XIX. Una nota suya vinculaba de forma deliberada un ensayo sobre el alma con una cubierta humana. La revisión de Harvard concluyó que existía certeza razonable de que Bouland tomó la piel de una paciente fallecida sin permiso.

Muchas bibliotecas conservaban volúmenes descritos por tradición como antropodérmicos. La apariencia no permite confirmarlo. El Anthropodermic Book Project ha aplicado huella peptídica, una técnica que analiza proteínas de colágeno capaces de sobrevivir mejor que el ADN en materiales antiguos. Hasta su actualización de abril de 2024, el proyecto había localizado 51 casos atribuidos, analizado o puesto en proceso 32 y confirmado 18 como humanos; otros 14 resultaron ser de animales.

Cómo se verificó el material

La prueba identifica la familia biológica del material, no el nombre de la persona. En el caso de Harvard, confirmó en 2014 que la cubierta pertenecía a un homínido. Ese conocimiento hizo más evidente el problema de procedencia, pero durante años la institución siguió presentando el volumen con un tono que ella misma acabaría reconociendo como sensacionalista.

Desencuadernar también fue una decisión de conservación

Tras consultar a especialistas, estudiantes, investigadores y responsables de museos, Harvard determinó que los restos no debían continuar formando parte de la colección bibliográfica. La piel quedó en almacenamiento seguro mientras la universidad investiga a la mujer y consulta con autoridades francesas sobre un destino respetuoso. El texto impreso, ya sin esa cubierta, permanece digitalizado y podrá volver a estudiarse. La dimensión práctica se completa con Qué cuenta el olor de un libro viejo.

La retirada no borró el historial del objeto. El catálogo y la investigación pueden explicar qué ocurrió sin reproducir imágenes de los restos ni permitir una consulta que los vuelva a objetualizar. Documentar una decisión ética también forma parte de la historia de la biblioteca.

Qué cambia en la descripción pública

No existe una respuesta única para todos los libros confirmados. Cada caso tiene una procedencia distinta y las instituciones deben considerar legislación, descendientes, comunidades afectadas y posibilidades de restitución o disposición. Lo común es dejar de tratar el cuerpo como un accesorio del objeto.

La curiosidad histórica sigue siendo legítima: estas encuadernaciones hablan de medicina, poder y coleccionismo. Pero la descripción responsable invierte el orden. No pregunta primero qué libro recibió una cubierta extraordinaria, sino quién fue reducido a material y qué obligaciones nacen al saberlo.