Lecturas del mundo

László Krasznahorkai, Nobel 2025: un mapa para entrar en su literatura

La Academia Sueca premia al autor húngaro de Sátántangó por una obra visionaria que encuentra resistencia artística dentro del terror apocalíptico.

Retrato editorial de un escritor en una biblioteca centroeuropea
Imagen: romana klee CC BY-SA 2.0

La Academia Sueca concedió el Nobel de Literatura 2025 a László Krasznahorkai el 9 de octubre. La motivación oficial reconoce una obra “convincente y visionaria” que reafirma el poder del arte en medio del terror apocalíptico. La fórmula encaja con sus pueblos aislados, multitudes amenazantes y personajes que buscan un orden mientras el lenguaje parece empujarlos hacia el abismo.

Nacido en 1954 en Gyula, cerca de la frontera rumana, Krasznahorkai irrumpió en la literatura húngara con Sátántangó en 1985. La Academia anunció el premio cuatro décadas después de aquel debut. Entre ambos momentos se extiende una obra exigente, cómica en su oscuridad y mucho más diversa de lo que su fama apocalíptica sugiere.

Empezar por un lugar que se deshace

Sátántangó se sitúa en una granja colectiva abandonada, poco antes de la caída del comunismo. Sus habitantes esperan escapar cuando regresan dos hombres a quienes creían muertos. La promesa de salvación puede ser una estafa, y el movimiento de la novela imita un tango: capítulos que avanzan y retroceden, perspectivas que vuelven sobre los mismos hechos.

Es una entrada útil porque contiene varios rasgos del autor: comunidades cerradas, líderes ambiguos, espera, lluvia, barro y un humor que aparece cuando el desastre se vuelve demasiado organizado. También permite acercarse a la colaboración con el cineasta Béla Tarr, que adaptó la novela en una película de más de siete horas. Krasznahorkai trabajó con Tarr en otros guiones y ambos comparten una atención radical al tiempo.

La melancolía de la resistencia amplía la escala. Un circo llega a una pequeña ciudad con una ballena disecada y atrae una multitud que altera el orden. La trama puede leerse como fábula política, pero la novela evita una equivalencia sencilla. Lo inquietante no es solo quién dirige la violencia, sino la facilidad con que una comunidad espera una fuerza que la organice.

Frases que cambian la respiración

La prosa de Krasznahorkai es conocida por sus frases largas, sinuosas y con pocos puntos. No se trata de ornamentación. La sintaxis reproduce una mente que corrige, añade, duda y continúa antes de alcanzar descanso. El lector pierde referencias estables y, al mismo tiempo, entra en una corriente de gran precisión rítmica.

Ese estilo convierte la traducción en parte central de su circulación. Cada lengua debe decidir cómo conservar velocidad, ambigüedad y respiración sin imitar mecánicamente la estructura húngara. Leer una traducción de Krasznahorkai es leer también el trabajo de quien ha reconstruido su movimiento verbal.

Más allá de Europa Central

La biobibliografía preparada por la Academia Sueca destaca el giro contemplativo asociado a sus viajes por China y Japón. Al Norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río sigue la búsqueda de un jardín cerca de Kioto. Seiobo descendió a la Tierra reúne diecisiete textos ordenados según la secuencia de Fibonacci y observa la creación artística frente a la impermanencia. Una perspectiva cercana puede verse en Leer juntos sin leer lo mismo: anatomía de los clubes de lectura silenciosa.

Ese segundo camino ofrece otra puerta de entrada. El caos no desaparece, pero la atención se posa en un templo, una máscara, una restauración o un instante de belleza. El arte no salva de manera sentimental; exige paciencia, técnica y una concentración que resiste el ruido del mundo.

Las ediciones disponibles en cada país no siguen el orden húngaro. A veces una obra tardía llega antes que un título temprano y los nombres varían entre traducciones. Consultar el año original y el de la versión leída ayuda a situar cambios de estilo. No hay una secuencia obligatoria: el itinerario puede empezar por una novela breve, por los relatos asiáticos o por las películas.

Cómo leer sin convertir la dificultad en prueba

Conviene no afrontar estas novelas como un examen. Las frases admiten una lectura por oleadas: seguir el tono antes de aclarar cada subordinada, detenerse y volver. Una obra breve puede preparar el oído antes de los grandes ciclos. Las adaptaciones de Tarr no resumen los libros, pero muestran cómo su tiempo narrativo puede trasladarse a imágenes.

El Nobel no vuelve sencillo a Krasznahorkai ni obliga a admirarlo. Sí abre traducciones, reediciones y conversaciones alrededor de una literatura que durante años circuló mediante editoriales y traductores persistentes. Su pregunta más accesible quizá sea también la más incómoda: qué puede hacer una forma artística cuando el orden social parece a punto de romperse.