Un archivo digital no es necesariamente un libro accesible. Puede impedir cambiar el tamaño de letra, desordenar la lectura de un sintetizador de voz o esconder su estructura bajo una maquetación visual. Desde el 28 de junio de 2025, esa diferencia tiene consecuencias jurídicas: la Ley Europea de Accesibilidad se aplica a los libros electrónicos, al software dedicado a leerlos, a los lectores electrónicos y a los servicios de comercio electrónico.
Qué debe poder hacer un ebook
La norma procede de la Directiva (UE) 2019/882, aprobada en 2019 y trasladada al ordenamiento español mediante la Ley 11/2023. El largo periodo de preparación reconocía que la accesibilidad no se arregla al final con un botón: obliga a revisar la edición, los metadatos, las plataformas de venta y los dispositivos.
La directiva exige que el contenido sea perceptible, manejable, comprensible y robusto. En la práctica, el archivo tiene que permitir el acceso a su estructura y navegación, admitir presentaciones alternativas e interoperar con distintas tecnologías de apoyo. Si incorpora audio junto al texto, ambos deben estar sincronizados. Las medidas de gestión digital de derechos tampoco pueden bloquear las funciones de accesibilidad.
Eso afecta a decisiones que el lector quizá no ve. Los capítulos deben estar marcados como tales y seguir un orden lógico; las imágenes informativas necesitan descripciones adecuadas; las tablas han de conservar relaciones comprensibles; los enlaces deben tener un propósito reconocible. El índice no puede ser una simple página decorativa. Para obras complejas, como manuales con fórmulas o publicaciones ilustradas, el trabajo editorial exige conocimientos específicos.
Reflujo, navegación y alternativas
También cambia la forma de descubrir el libro. La información sobre sus prestaciones accesibles debe viajar en los metadatos hasta librerías y plataformas. Así, una persona puede saber antes de comprar si podrá modificar la tipografía, usar lectura en voz alta o navegar por encabezados. El Accessible Books Consortium, iniciativa vinculada a la OMPI, recomienda el uso de EPUB 3 y herramientas de comprobación como Ace by DAISY, además de describir las características de accesibilidad en la cadena comercial.
El cambio no se limita a las editoriales. Quien fabrica un lector electrónico debe asegurar que el dispositivo puede utilizarse con distintas capacidades sensoriales o motoras. El software de lectura ha de conservar las prestaciones incluidas en el archivo. Las tiendas deben hacer accesibles la búsqueda, la identificación, el pago y la información del producto. Un EPUB bien construido pierde buena parte de su valor si la plataforma no comunica sus características o el dispositivo las anula.
La responsabilidad recorre toda la cadena
La legislación contempla excepciones y transiciones. Los servicios prestados por microempresas pueden quedar fuera de determinadas obligaciones, y la exigencia no convierte automáticamente todo fondo antiguo en un catálogo que deba rehacerse de inmediato. Además, una empresa puede alegar carga desproporcionada o modificación fundamental, pero debe evaluarlo y documentarlo; no basta con invocarlo de manera genérica. La pregunta reaparece con otros materiales en Precio fijo del libro: la regla que hace competir a las librerías sin tocar la etiqueta.
La conformidad tampoco se agota al exportar un EPUB sin errores automáticos. Los verificadores encuentran fallos de estructura, contraste o metadatos, pero una revisión humana sigue siendo necesaria para saber si una descripción de imagen informa, si el orden de lectura tiene sentido o si una tabla puede entenderse fuera de su diseño visual. Accesibilidad técnica y calidad editorial se solapan, aunque no sean idénticas.
De adaptar después a diseñar desde el inicio
Durante años, el acceso de personas ciegas, con baja visión, dislexia o dificultades motrices dependió con frecuencia de conversiones posteriores. Ese modelo produce retrasos, limita títulos disponibles y duplica costes. La edición nacida accesible propone lo contrario: un mismo archivo comercial bien estructurado puede servir a más lectores sin crear una versión separada para cada necesidad.
Para el sector, la transformación tiene un coste inicial en formación, herramientas y control de calidad. También ofrece una ventaja: procesos editoriales más ordenados, archivos reutilizables y productos que funcionan mejor en más dispositivos. La accesibilidad beneficia además a quienes leen con pantallas pequeñas, ajustan el contraste, escuchan un texto durante un trayecto o necesitan orientarse en una obra extensa.
La fecha del 28 de junio no marca el final de la adaptación, sino el momento en que deja de ser aplazable. Las autoridades nacionales deberán vigilar el cumplimiento y el mercado irá afinando estándares. La pregunta para un ebook europeo ya no es si puede abrirse, sino quién puede leerlo, con qué herramientas y sin qué barreras.