La industria mundial de la música grabada ingresó 31.700 millones de dólares en 2025, un 6,4 % más que el año anterior. Fue el undécimo ejercicio consecutivo de crecimiento, según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica. La continuidad confirma que el sector dejó atrás la caída iniciada con la transición digital. Sin embargo, el total global no describe por sí solo cuánto cobra un artista, cuántas canciones escucha una persona ni qué mercados sostienen mejor a sus escenas locales.
El Global Music Report 2026 de IFPI reúne ingresos de grabaciones, no toda la economía musical. Quedan fuera o se contabilizan en otros ámbitos buena parte del directo, la edición musical, la venta de instrumentos y otras actividades. La cifra refleja dinero generado por música grabada para compañías y titulares, antes de recorrer contratos, anticipos, costes, impuestos y repartos.
El streaming de pago sigue siendo el motor
Los ingresos por suscripciones de streaming crecieron un 8,8 % y representaron el 52,4 % del mercado mundial. IFPI contabilizó 837 millones de usuarios de cuentas de pago al terminar 2025. No equivale necesariamente a 837 millones de contratos individuales: los planes familiares y otras modalidades pueden agrupar varias personas. Aun así, la escala explica por qué la cuota mensual se ha convertido en la principal fuente recurrente del negocio.
El crecimiento de usuarios y el de ingresos tampoco miden lo mismo. Influyen las subidas de precio, los periodos promocionales, los planes con tarifas diferentes y la conversión de monedas. Para conocer cuánto aporta en promedio cada cuenta habría que disponer de datos comparables por servicio y territorio, no dividir sin más dos magnitudes mundiales.
El streaming financiado con publicidad completa el ecosistema, junto a descargas y otros formatos digitales. Cada modalidad produce ingresos distintos según país, precio, anuncios y acuerdos. Una reproducción no tiene una tarifa mundial fija. Las plataformas reúnen el dinero y lo distribuyen mediante sistemas contractuales que dependen de participación de mercado, territorios y tipos de cuenta.
Por eso un aumento de usuarios no se traduce automáticamente en el mismo porcentaje de crecimiento para todos los catálogos. Las obras con gran volumen concentran atención, mientras que millones de pistas compiten por fracciones pequeñas. También existen intermediarios: sellos, distribuidores, agregadores, editores y entidades de gestión pueden participar en flujos diferentes.
El soporte físico no desaparece
Los ingresos físicos crecieron un 8 % en 2025. El vinilo avanzó un 13,7 % y encadenó su decimonoveno año de crecimiento. Su regreso no desplaza al streaming por volumen global, pero cumple funciones que una suscripción no ofrece: objeto, diseño, coleccionismo, regalo y una relación directa con determinados repertorios.
Comprar un disco y pagar una plataforma son decisiones económicas diferentes. La suscripción ofrece acceso amplio mientras se mantenga activa; el soporte permite conservar y revender un ejemplar. Muchos aficionados combinan ambas cosas: descubren en línea, escuchan de forma cotidiana en el móvil y compran físicamente las obras que quieren convertir en parte de su biblioteca.
El crecimiento físico tampoco es idéntico en todos los países. Precio, fabricación, distribución y poder adquisitivo condicionan el mercado. Una edición limitada puede generar un margen alto y, a la vez, ser inaccesible para una parte del público. El formato simboliza fidelidad, pero no debe confundirse con consumo mayoritario.
Además, un aumento de ingresos físicos puede proceder de vender más unidades, de precios más altos o de una mezcla de ambos factores. Sin series de unidades y precios medios, el porcentaje no describe por sí solo si la base de compradores se amplió. El valor cultural del objeto y su peso económico requieren medidas distintas.
Regiones que crecen a velocidades distintas
Todas las regiones registradas por IFPI crecieron, aunque con diferencias. Latinoamérica avanzó un 17,1 % y mantuvo una larga serie de aumentos de dos dígitos. El streaming representó el 88,1 % de sus ingresos, una dependencia muy superior a la media. Asia creció un 10,9 %; Oriente Próximo y norte de África, y África subsahariana, un 15,2 % cada una. Europa, mercado más maduro, aumentó un 5,6 %.
Las tasas altas pueden partir de bases menores. Un 15 % en un mercado emergente no aporta necesariamente más dólares que un 5 % en uno grande. Comparar porcentajes sin volumen distorsiona la importancia económica, pero ignorarlos ocultaría dónde se incorporan nuevos públicos y servicios.
La circulación internacional de repertorios en español, coreano, portugués o lenguas africanas demuestra que el inglés ya no monopoliza la exportación musical. Las listas globales de IFPI recogen esa apertura, aunque las plataformas no eliminan las barreras. La promoción, las redes de colaboración y la capacidad de invertir en campañas siguen determinando qué canciones atraviesan fronteras. El asunto encuentra un contrapunto útil en Los Latin Grammy 2025 dibujan un mapa musical más amplio que una sola estrella.
España dentro de una fotografía más amplia
Las cifras españolas completas de 2025 deben leerse con su metodología propia y no deducirse del promedio europeo. Como contexto anterior, PROMUSICAE calculó para 2024 un mercado minorista de música grabada de 568,9 millones de euros, un 9,42 % más que en 2023. Su resumen del mercado español de 2024 mostró crecimiento digital y descenso físico en aquel ejercicio.
El contraste es útil: el aumento mundial del formato físico en 2025 no permite afirmar que España siguiera el mismo patrón, y un año no debe mezclarse con otro. Los mercados nacionales dependen de repertorio, precios, campañas y canales. Utilizar una referencia de 2024 sirve para ubicar escala, no para completar un dato todavía diferente.
Ingresos del sector e ingresos del creador
Un mercado en expansión puede convivir con carreras precarias. El informe de IFPI mide ingresos de música grabada y enfatiza la inversión de las compañías. No ofrece una distribución universal por artista. El pago final depende de titularidad de másteres y composiciones, condiciones contractuales, gastos recuperables y volumen de consumo, además de actuaciones y otras fuentes ajenas al informe.
También hay costes creativos y técnicos que no desaparecen porque distribuir un archivo sea barato: composición, ensayo, grabación, mezcla, masterización, arte, vídeo, comunicación y gira. La accesibilidad de herramientas ha multiplicado lanzamientos, pero ha hecho más difícil captar atención. En una oferta casi infinita, la visibilidad se convierte en recurso escaso.
Los fraudes de reproducciones y la subida masiva de contenido automatizado añaden presión. Inflar escuchas desvía dinero del fondo común y contamina recomendaciones. La música generada o asistida por inteligencia artificial abre usos creativos, pero también conflictos sobre identidad vocal, entrenamiento y atribución. Las respuestas requieren detectar abuso sin bloquear experimentación legítima.
Lo que una cifra puede contar bien
Los 31.700 millones permiten afirmar que la música grabada volvió a crecer y que la suscripción continúa siendo su centro económico. Las series regionales muestran expansión fuera de los mercados históricos, y el vinilo confirma que lo digital no elimina necesariamente lo material. Son tendencias robustas dentro del marco medido.
Lo que no permiten es concluir que todos los participantes mejoraron en la misma proporción. Tampoco indican satisfacción del público, diversidad de catálogo o estabilidad laboral. Para responder a esas preguntas hacen falta datos de contratos, concentración, repertorio, empleo y consumo cultural.
El informe de 2026 describe una industria más grande y geográficamente más dinámica que hace una década. Su lectura más útil evita tanto el triunfalismo como la nostalgia. El streaming resolvió acceso y recurrencia de ingresos a una escala enorme; ahora el desafío consiste en traducir ese crecimiento en un ecosistema donde más obras puedan encontrarse, acreditarse, conservarse y sostener a quienes las crean.