Bibliotecas

De la cinta magnética al navegador: la BNE preserva los videojuegos españoles clásicos

La estrategia de digitalización de la BNE incorpora casetes y emulación para conservar títulos esenciales de la historia del videojuego español.

Un casete antiguo y un ordenador histórico junto a una emulación moderna de videojuego
Imagen: Francisco Antunes from Manchester, United Kingdom CC BY 2.0

Un videojuego almacenado en una cinta de casete puede estar intacto y, al mismo tiempo, resultar inaccesible. El soporte envejece, los lectores desaparecen y los ordenadores para los que fue programado dejan de formar parte de la vida cotidiana. La Biblioteca Nacional de España ha incorporado ese problema a su estrategia de digitalización 2025-2026: por primera vez, digitaliza y emula videojuegos clásicos distribuidos en soporte magnético.

El plan, anunciado por la BNE el 26 de febrero de 2026, incluye títulos como La Pulga, publicado en 1983 y considerado el primer videojuego español con distribución comercial, y La abadía del crimen, la aventura de 1987 creada por Paco Menéndez y Juan Delcán e inspirada en El nombre de la rosa. Los resultados se incorporarán progresivamente a BNE Digital durante 2026.

Copiar los datos no basta

La preservación de un libro puede centrarse en estabilizar su materia y reproducir sus páginas. En un videojuego, el objeto incluye instrucciones que solo cobran sentido cuando se ejecutan. Extraer los datos de la cinta es el primer paso; después hay que documentar el formato, comprobar la integridad y recrear mediante emulación el entorno de una máquina histórica.

La emulación permite que un ordenador actual se comporte como un ZX Spectrum, un Amstrad CPC o un MSX. No conserva el aparato original, pero recupera parte de la experiencia: tiempos de carga, gráficos, sonido, respuesta del teclado y reglas del programa. También introduce decisiones. Un emulador demasiado rápido, una configuración de color distinta o la ausencia del manual pueden cambiar cómo se entiende la obra.

Por eso el archivo no termina en el fichero ejecutable. Las cajas, instrucciones, anuncios, revistas, versiones para diferentes sistemas y datos sobre las empresas ayudan a reconstruir el contexto. La colección de videojuegos de la BNE convive con libros, publicaciones periódicas, grabaciones, carteles y otros documentos sobre el medio. Esa red permite estudiar una industria más allá de jugar un título aislado.

Los videojuegos comenzaron a ingresar en las colecciones de la BNE durante los años ochenta, aunque de forma irregular. Durante mucho tiempo se consideraron productos informáticos o de entretenimiento más que obras que debían preservarse sistemáticamente. La ampliación del depósito legal y el reconocimiento académico del medio han corregido parte de esa laguna, pero los primeros años siguen presentando ausencias y variantes difíciles de localizar.

El casete plantea además riesgos propios. La capa magnética puede degradarse, una lectura incorrecta puede introducir errores y los duplicados domésticos complican la identificación. Los conservadores necesitan trabajar con equipos capaces de reproducir el soporte sin dañarlo y generar copias maestras verificables. Después, esas copias deben migrarse y revisarse para que la preservación no dependa de un único formato contemporáneo.

Conservar versiones, fallos y periféricos

Un mismo título podía comportarse de forma distinta en cada ordenador. Cambiaban resolución, paleta, sonido, controles e incluso contenidos para ajustarse a la memoria disponible. Preservar una sola versión puede ocultar parte del trabajo creativo y comercial. La catalogación debe distinguir plataformas, ediciones, regiones y soportes, además de documentar si la copia conserva protecciones o errores originales. La relación entre soporte y lectura vuelve en BNE Digital reúne en una sola puerta 160 millones de páginas de memoria.

Los periféricos también cuentan. Un teclado, una palanca de mando o un ratón determinaban el modo de jugar, y los manuales explicaban órdenes que no aparecían en pantalla. En el futuro, una emulación técnicamente correcta puede seguir siendo incomprensible si no conserva esas instrucciones. La experiencia histórica surge de un conjunto de objetos, no de un archivo aislado.

Acceso con derechos y límites

Que un videojuego esté digitalizado no implica que pueda ofrecerse libremente en internet. Muchos títulos conservan derechos de autor y pueden incluir música, gráficos o marcas con titulares diferentes. La BNE deberá conciliar el acceso público con esas condiciones, del mismo modo que ya hace con libros y publicaciones electrónicas protegidas.

Incluso con restricciones, la preservación produce valor inmediato. Evita que el soporte se pierda, facilita la catalogación y permite preparar futuras consultas autorizadas. También ofrece a desarrolladores, historiadores y conservadores una base más fiable que las copias informales, cuya procedencia o integridad no siempre puede demostrarse.

La entrada de La Pulga o La abadía del crimen en una estrategia nacional de digitalización cambia la escala de lo que entendemos por patrimonio bibliográfico. La memoria de la creación española también se cargó desde una cinta, respondió a unas teclas y se oyó a través de un pequeño altavoz. Conservarla exige guardar el código y la posibilidad de que vuelva a suceder.