Cultura escrita

Ex libris: la pequeña obra de arte que cuenta por dónde ha pasado un libro

Estas marcas de propiedad combinan nombre, imagen y, a veces, lema. Además de decorar, ayudan a reconstruir la historia material de cada ejemplar.

Libro antiguo abierto con una pequeña estampa ex libris pegada en la guarda

Un ex libris puede caber en la palma de una mano y contener una biblioteca entera. Su nombre latino significa aproximadamente de entre los libros de, y designa la marca que identifica al propietario de un ejemplar. Suele pegarse en el interior de la cubierta e incluir un nombre, una imagen y, en ocasiones, un lema. Lo que empezó como señal de pertenencia terminó convirtiéndose en un género del grabado y en una pista fundamental para reconstruir la vida de los libros.

Una imagen que representa al lector

Antes de los sellos industriales y las etiquetas impresas, los manuscritos ya recibían inscripciones de propiedad. La expansión de la imprenta permitió reproducir pequeñas estampas mediante xilografía, calcografía y otras técnicas. Nobles e instituciones utilizaron escudos; lectores particulares eligieron profesiones, paisajes, humor, animales o escenas literarias. La fórmula no exige lujo: un nombre escrito a mano también puede cumplir la función de procedencia, aunque no se considere siempre ex libris en sentido gráfico.

Una marca como documento histórico

El diseño habla tanto del dueño como del gusto de una época. Un médico podía encargar símbolos de su oficio; un admirador del Quijote, una escena cervantina; una biblioteca familiar, un emblema heredado. La colección de la Biblioteca Nacional de España reúne motivos heráldicos, religiosos, infantiles, macabros y humorísticos, además de obras de grabadores de los siglos XIX y XX.

Entre sus piezas destacadas figura el ex libris que Francisco de Goya grabó hacia 1798 para Gaspar Melchor de Jovellanos. La estampa utiliza su escudo de armas y demuestra que el formato atrajo a artistas de primera línea. La BNE formó buena parte de su colección mediante la adquisición, entre 1968 y 1977, de tres conjuntos privados de gran calidad.

Por qué no conviene despegarlo

El interés no se limita al dibujo. Una etiqueta puede confirmar que un ejemplar perteneció a una persona, pasó por una institución o fue vendido antes de llegar a su biblioteca actual. Combinada con dedicatorias, sellos, anotaciones y encuadernación, ayuda a reconstruir redes de lectura y circulación que no aparecen en el texto impreso. El contexto se amplía al leer Los archivos españoles que la Unesco incorporó a la Memoria del Mundo en 2025.

Retirar un ex libris para coleccionarlo separado puede mutilar la procedencia del libro. La Biblioteca Nacional advierte sobre esa pérdida de contexto: la estampa conserva parte de su significado porque está unida a un ejemplar concreto. Para estudiarla o mostrarla, la fotografía permite mantener la relación sin intervenir sobre el original.

Cómo usarlo hoy sin perder contexto

Hoy siguen creándose ex libris con grabado, impresión digital, sello de caucho o dibujo. También se coleccionan como obra gráfica independiente. Ambas vidas son compatibles si se documenta su origen. En una biblioteca personal, la marca no necesita proclamar posesión de forma solemne; puede ser una invitación a devolver el libro y una pequeña autobiografía visual.

Cada ejemplar acumula una historia distinta aunque comparta texto con miles de copias. El ex libris hace visible esa diferencia. No cuenta solo quién tuvo un libro, sino que recuerda que leer también deja objetos, trayectos y vínculos capaces de sobrevivir a sus propietarios.